Godos, romanos locos y el Tercer Concilio de Toledo

Hoy vengo a hablaros de historia, concretamente del momento en que España se convirtió, como estado, al catolicismo en el Tercer concilio de Toledo. Esto ya de entrada tiene varios errores, y creo que es importante destacarlos (aun sin entrar al detalle) antes de empezar:

  • Ni existía nada que en aquel momento fuera España
  • Ni tampoco Estado es el término correcto para referirnos a aquella organización socio-política.

Aclarados estos aspectos, sigamos:

La península Ibérica en el siglo V

Lo primero que hemos de hacer es situarnos en el tiempo. Nos encontramos en los siglos V y VI d.C.

¿De dónde venimos?: Del antiguo imperio Romano, concretamente del Imperio Romano de Occidente, tras su división en dos. Este acabó con lo que se conoció como las invasiones de los pueblos germánicos. Venían de centro-Europa, y no solo acabaron con el imperio romano de occidente, sino que redibujaron el mapa del continente. Para que os hagáis una idea:

Visigodos: arrianismo y catolicismo

En resumidas cuentas, que la península ibérica quedó en manos de los visigodos. Hacia el año 550 d.C, gobernaba estos lares el rey Leovigildo, pero, ¿cuál era el problema? Como de costumbre, la religión. Los visigodos, como la mayoría de pueblos godos, practicaban una variante del cristianismo llamada arrianismo, que se basaba en la doctrina de Arrio de Alejandría: básicamente negaban la condición divina de Jesús. Sin embargo, en la península, la población hispanoromana era católica = problemas. El bueno de Leovigildo intentó mezclar a los suyos con los autóctonos para limar asperezas, pero el tema de la religión, en esta época, era peliagudo, y no hubo manera.

Uno de sus hijos, Hermenegildo, que se encargaba de gobernar la parte sur de la península, desde Sevilla, empezó a juntarse con obispos católicos de la zona. Lo influenciaron de tal manera que el amigo acabó convirtiéndose al catolicismo, se hizo amigo de la aristocracia del lugar y acabó encabezando una rebelión contra su padre. Mal asunto. Leovigildo lo capturó y lo hizo ejecutar. Jaque mate.

Esto lejos de aplacar los ánimos entre los seguidores del catolicismo y los del arrianismo, encendió más el fuego. Parece que, finalmente, Leovigildo se dio cuenta que sin unidad religiosa no podía haber unidad política en la península, y en su lecho de muerte, insistió a su segundo hijo, Recaredo, en una conversión.

El tercer Concilio de Toledo

El bueno de Recaredo le hizo caso a su padre. Un año después de su coronación, se convirtió al catolicismo. A su vez, reunió a la aristocracia y al clero arriano para explicarles su decisión: convertir el reino oficialmente al catolicismo. Esto de entrada podría haber no gustado, sin embargo, Recaredo les aseguró que sus privilegios seguirían intactos, así que… bueno, todo es cuestión de incentivos.

En el año 589 d.C Recaredo presidio el Concilio de Toledo, haciendo público y oficial la adhesión del reino al catolicismo y estableciendo así una alianza de este con iglesia. Tanto su esposa, como diferentes obispos, abjuraron públicamente también del arrianismo, de igual manera que diferentes aristócratas.

Tercer concilio de Toledo

Por supuesto no faltaron reacciones en contra, pero todas ellas fueron debidamente castigadas:

Uno de los castigos «tradicionales» visigodos para los usurpadores era la amputación de la mano derecha y lo que se conoce como «decalvación» (también conocido como calvo a las malas): arrancar al afortunado su cuero cabelludo.

Como podéis imaginar, después de tan creativo castigo, muchos sintieron la llamada de la iglesia católica. Cosas de la fe.

Y esta, amigos, es la historia del tercer Concilio de Toledo, el momento en que la península Ibérica, y el reino visigodo por entonces, pasó a ser, oficial y pacíficamente, católica.

Os quiero.

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